Bebé enamorado

06.12.2017

Desde el momento en el que abrió los ojos, no supo hacer otra cosa más que depender de su madre. Él no entendía de clases sociales, pero sí sabía que ellos no gozaban de muchas comodidades, nació en la calle y en un día de lluvia. Varias buenas personas se fueron acercando al cabo de los días y le daban a su madre algo de comer y la protegían con mantas cálidas. Ella le miraba con dulzura y solo con sus ojos le calentaba el corazón. Sus hermanos, una chica y un chico, también se arrimaban y entre todos se daban calor, pero su madre estaba desesperada, ella no quería que las cosas hubieran ocurrido de esta manera y recordaba vagamente que su infancia fue mucho mejor que la que le estaba ofreciendo ella a sus hijos.

Con esos días tan fríos, su querido bebé enfermó, tosía sin parar. Y esas buenas personas que le ofrecían algunas mejoras a su madre, decidieron alejar a sus hermanos de él, para que no enfermaran. Nunca les volvió a ver. Solo quedaban su madre y él. Ella lloraba y lloraba, notaba que le perdía para siempre. Y así fue, pero no sucedió como ella creía.

Unas personas que no parecían tan buenas como las que les habían ayudado anteriormente, llegaron en una furgoneta y les intentaron separar. La mendiga madre gritaba, el bebé enfermo lloraba. Él llegó a ver cómo le mandaban callar a su madre a base de palos. No sabe si la mataron pero nunca la llegó a volver a ver. Se sintió inválido por primera vez en su vida y la alta fiebre que tenía le sumió en un sueño que creyó que iba a ser eterno.

Unos días después consiguió despertarse. Era una sensación nueva para él, había algo muy cálido en el ambiente, ya no llovía, olía bien, estaba protegido. No vio a su madre y sintió pena, ¿qué le habría pasado? Sin embargo una mujer se acercó muy alegre y le cogió en brazos, lloraba de alegría por haber conseguido que viviera. Él la observó bien y en ese mismo instante sintió un revoloteo en el estómago, un fuego en el corazón, las piernas le temblaban. Era amor puro. Nunca había visto a una mujer tan bella en su corta vida, pero ya supo que la querría para siempre.

Una semana después, su romance crecía. Ella también se enamoró de él, era muy consciente de que era muy pequeño, pero supo que le amaba profundamente como nunca antes había amado a nadie y pensó en lo afortunada que había sido al conocerle. El bebé quiso pensar en su madre, pero no se acordaba de ella, solo un leve recuerdo de su calor. No sabía que unas horas después se iba a olvidar de ella para siempre.

Unos meses después él se despertó al escuchar un ruido. Eran unas llaves. Ya conseguía enderezar bien sus pasos sin tropezarse con nada y fue corriendo hacia la puerta. No le gustaba que ella le dejara solo durante tantas horas, pero siempre sucedía lo mismo y en aquella ocasión no iba a ser diferente. Fue verla de nuevo y su corazón palpitó casi más fuerte que las últimas veces, las mariposas revoloteaban en su estómago con toda la pasión y su rabito lo movió fuerte y fuerte como si fuera un aspa de un molino. Ella lo agarró sonriente y él lamió su cara sin parar. Se sentía el perro más feliz del mundo.