Quisiera ser...

06.12.2017

Es un día caluroso de verano, para ser más exacto el 12 de Agosto, y estoy estudiando más de media docena de asignaturas, como es de costumbre en mí todos los años, ya que soy incapaz de sacarme el curso en Junio. Estoy jodido, realmente jodido, todo el día delante de estos apuntes en los que sólo veo palabras incoherentes y sin sentido y que no me interesan unir para formar lo que será lo que tenga que memorizar para aprobar el examen. Siempre igual, horas y horas delante de estos textos y nunca soy capaz de leer más allá de la tercera línea. Mi mente empieza a divagar por el infinito y acabo despertándome en esta pesadilla llena de letras. Lo que decía antes, estoy muy jodido, jodido porque estoy aburrido, jodido porque no salgo a divertirme, jodido porque mis amigos están todos fuera, y sobretodo jodido porque esos amigos de los que hablo están todos juntos en un paraíso con palmeras, cuerpos esculturales, cockteles, arena y mar en Punta Cana, Santo Domingo. Llevaba cinco meses planeando ese viaje y por culpa de los malditos estudios no he podido ir. Mis padres, que son los que pagan mi universidad, no me han permitido ponerme a trabajar y no he conseguido el dinero para irme de viaje. Por supuesto, y les doy la razón, ellos no me lo han querido pagar después de conocer mis resultados. Y mis amigos, pobres, son estudiantes como yo que se lo han tenido que currar duro para poderse pasar una semanita en ese mundo de los sueños. Mi novia, que voy a decir, se ha quedado bastante apenada pero no iba a permitir que se quedase aquí por mí, no, no, ni hablar. Me pregunto como se sentirá mi pequeño pez anaranjado en su pecera de cristal, sin estudiar, sin responsabilidades, todo el día moviéndose rápidamente de un lado para otro, nadando, suspendido en el agua. A veces pienso que me encantaría ser un pececillo... Qué bien, como necesitaba este bañito con el calor que hace. ¡Espera! ¿Dónde diablos estoy? Esto no es mi bañera, ni la piscina del edificio. No lo recuerdo, ¿qué he hecho para aparecer aquí? ¿Qué es ese bicho tan grande que viene hacia mí? ¿Es un tiburón?. Parece un pez naranja gigante. ¡Qué hace! ¡Me está dando besos!. Espera, me parece que estoy viendo mi escritorio. No puede ser, no puede ser, estoy en la pecera de mi escritorio, con mi pez, debo estar soñando... o no, a lo mejor alguna divinidad me ha oído y me ha transformado en pez. Sea lo que sea no sé como he aparecido aquí. Y este pez no se aparta de mi lado. Claro, si es que soy igual que él y como siempre está solo estará intentando ligar o algo así. Ahora que lo pienso, me gusta esto, se está fresquito, nado bastante rápido y no tengo nada que hacer. Esto sí que es libertad. Que se pudran los demás, yo estoy en la gloria siendo un pez. Llevo aquí bastante tiempo y esto es un coñazo, necesito ver la tele un rato, hablar con alguien, comer un poco, sí, comer un poco, por favor. Ahora ya sé que la vida de mi pez es bastante aburrida, siempre haciendo lo mismo y sin poder salir de aquí de un lado para otro. Pobre, me parece que si salgo de aquí alguna vez te soltaré al río para que vivas mejor o te compraré una compañera. A lo mejor ni siquiera se da cuenta. Me gustaría más ser el gorrión ese que está en la ventana, poder volar y ver mundo. ¡Por fin aire puro!. Oh, oh, que hago, estoy volando. Otra vez lo mismo, me he convertido en un pájaro. No sé ni dónde estoy, esto no parece mi ciudad, aquí hay mar y palmeras, y ahí hay... sí, ahí hay gente, voy a acercarme. Vaya, quién dice que los pájaros no se cansan, estoy agotado. Ey, esto es el paraíso, está lleno de tías buenas. No sé si veo visiones pero me parece que esa de ahí es mi novia. Y ese mi mejor amigo. Hay que ver, si estoy en Punta Cana, al final he podido venir, aunque ninguno sepa quien soy yo. Da igual, qué felicidad, esto es una maravilla. Mi novia y mi mejor amigo llevan un buen rato hablando, me parece que he oído mi nombre, seguro que están hablando de mí. Eh, eh, no toques más a mi novia, eh tú. ¡Pero qué coño están haciendo!. Mierda, se están besando delante de mis narices, como me podéis estar haciendo esto... ¡Cabrones!. Ey, dónde se han metido. Anda si estoy en mi cuarto, con mis apuntes, mis libros y mi pecera al lado con el pececillo. ¿Habrá sido todo un sueño?. Tiene que ser, por favor, que haya sido un sueño. La verdad es que he comprendido que ser humano es mejor que ser un pez o un ave. Hay mil cosas mejores que hacer siendo como soy. Mierda, ahora el teléfono suena. 

- ¿Dígame? 

- Tato, soy yo, Marta.

 - ¡Hola Marta!. Acabo de soñar contigo, yo era un pez, y luego un ave y... 

 - Tato, tenemos que hablar.